Del 18 al 25 de abril, Benidorm vuelve a convertirse en punto de encuentro del mejor cortometraje con la décima edición del Skyline Benidorm Film Festival, una cita que en apenas diez años ha pasado de ser una muestra de una tarde a consolidarse como uno de los festivales clave del panorama nacional e internacional.
La edición de 2026 llega con una programación especialmente ambiciosa: ocho días de proyecciones, seis sesiones de Sección Oficial Nacional —calificadora para los Premios Goya—, presencia internacional con México como país invitado, actividades paralelas, encuentros profesionales bajo el paraguas de PRISMA y propuestas que van desde el talento emergente hasta nombres consolidados del audiovisual. Todo ello sin olvidar su esencia: el contacto directo entre público y creadores.
En Alicante Extra hablamos con su directora, Beatriz Hernández, en plena cuenta atrás del festival. Una conversación que recorre el crecimiento del certamen, su apuesta por la industria, la importancia de crear comunidad y también el lado más personal de quien ha hecho de Skyline un proyecto casi vital.
Este año celebráis la décima edición del Skyline. Si miras atrás desde aquella muestra en 2017 hasta esta “galaxia de cine”, ¿en qué momento sentiste que el festival dejaba de ser promesa para convertirse en referencia?
Como ha sido un proceso de ir creciendo un poquito más cada año, yo no he sentido que hubiese un momento concreto en el que de repente dijera: “guau, esto ya es un festival súper consolidado”. Ha sido todo muy progresivo, con unos buenos cimientos, paso a paso.
Sí que es verdad que el cambio es grande: de ser un evento de un día a un festival de ocho, calificador para los Premios Goya, para los Forqué, con dimensión internacional… pero no siento que haya habido un momento exacto en el que pensara “¿qué tengo aquí entre manos?”. Ha sido un crecimiento muy natural.
Hablabas de ese crecimiento progresivo, y este año inauguráis con el lema “Una galaxia de cine”. Si Skyline fuera una galaxia, ¿qué planetas la formarían hoy?
El pilar fundamental es el equipo que tenemos, sin duda. Es la base de todo, quienes levantan el festival año tras año. Y cada vez es más complejo, porque hay más “planetas” orbitando alrededor.
En el centro está el cortometraje, especialmente la Sección Oficial Nacional, que es la que califica para los Goya. Ese es uno de los pilares. Y luego está la industria: el concurso de guion, el Shortpitch, todas las actividades profesionales.
También las secciones internacionales, la iberoamericana, que funciona muy bien, y todas las actividades que hacemos para jóvenes, para crear nuevos públicos. Ese conjunto sería un poco la galaxia Skyline.
Dentro de ese “centro” está la Sección Oficial Nacional, con 26 cortometrajes y nombres muy potentes. ¿Qué fotografía hace esta edición del momento del corto en España?
Tenemos una programación bastante variada, con documental, animación y ficción. Creo que muchos de los cortos que vamos a proyectar este año estarán el año que viene en la carrera de los Goya.
Pero sobre todo destacaría la calidad. El cortometraje español está viviendo un momento brutal, y creo que el público lo va a disfrutar muchísimo.
Y eso conecta con lo que comentabas antes: sois festival calificador para los Goya y muchos cortos pasan por Skyline antes de ser nominados. ¿Cómo se construye ese “olfato”?
Viendo muchísimo corto. Nosotros tenemos un proceso de selección en el que estamos cuatro meses viendo cortometrajes. Este año han sido más de 700.
Cada cortometraje lo ven como mínimo dos personas, para que no sea solo una visión la que decida. Y luego hay muchísimos debates. Durante esos meses estamos filtrando, comentando, compartiendo dudas…
La clave está en dedicar tiempo a las cosas, que estén bien trabajadas, y que haya una discusión sana detrás de cada selección para llegar a la mejor posible.
Hablando de programación, el domingo ampliáis el foco con “Cel meu infern teu” una película muy vinculada al territorio. ¿Qué papel juega esa conexión local dentro de un festival cada vez más internacional?
Creo que va de la mano. Que algo sea local no significa que tenga menos calidad, al contrario. En el caso de Cel meu infern teu, de Alberto Evangelio, estamos hablando de un director de Benidorm cuyos trabajos están en festivales internacionales de todo el mundo.
Poder tener esa película aquí, para el público de la ciudad, no es apostar por lo local frente a lo internacional, sino demostrar el buen momento que vive el cine valenciano.
También hay una clara apuesta internacional con México como país invitado, y muy integrado en todo el festival. ¿Qué buscáis con esta alianza?
La idea no es simplemente hacer una proyección de películas y ya está, sino que haya implicación real. Contamos con festivales como Morelia o Guanajuato, con Casa México o la Comisión Fílmica de Jalisco.
Buscamos que vengan, que conozcan Skyline, que conozcan la ciudad y, sobre todo, generar sinergias que puedan continuar durante todo el año. También que participen en PRISMA y conecten con productores y creadores de aquí.
Que de ahí puedan salir nuevos proyectos o que los cortos puedan viajar a otros festivales. Esa es la idea.
Y en ese sentido, PRISMA tiene cada vez más peso. ¿Skyline es ya tanto un festival para profesionales como para público?
Sí, totalmente. PRISMA es una parte fundamental del festival. Queremos que los profesionales que vienen aquí aprovechen ese espacio de networking, los encuentros de coproducción, el concurso de guion, el Shortpitch…
Que no sea solo ver cine, sino también generar oportunidades reales dentro del sector.
También hay una apuesta clara por la accesibilidad y nuevos públicos. ¿Esto forma parte del ADN del festival?
Sí, desde hace años intentamos que el festival sea lo más accesible posible. Trabajamos para que lo sea tanto para personas sordas como para personas con discapacidad visual, en colaboración con entidades como la ONCE.
La idea es que la cultura sea accesible a todo tipo de públicos, que no esté limitada por las capacidades de cada persona.
En esa línea de abrir el festival, también está Skyline Itinerante, llevando cine a otros municipios. ¿Qué buscáis con esta iniciativa?
Sobre todo acercar el cine a poblaciones pequeñas, donde a veces no hay salas o la oferta cultural es más limitada. Y también llevar un trocito de Skyline fuera de Benidorm. En este caso, por ejemplo, vamos a Jesús Pobre con cortometrajes ganadores de la edición anterior.
En una semana tan intensa, con actividades desde la mañana hasta la noche, ¿hay algún momento del programa que esperes especialmente como espectadora?
Es difícil elegir, porque me gusta toda la programación. Empezamos muy pronto y acabamos muy tarde, con proyecciones y coloquios que muchas veces se alargan más de lo previsto.
Pero destacaría los coloquios de las secciones oficiales, donde están directores, productores, actores… Ese contacto directo con el público es la esencia de Skyline desde la primera edición.
Hablabas antes del equipo, de la esencia… y te llevo a lo personal: ¿qué parte de Bea hay en Skyline?
Yo diría que todo. Skyline es como mi hijo. Es mi proyecto más personal. Yo le puse las bases desde el inicio, lo que quería que fuera, y lo hemos mantenido siempre.
Mi equipo respeta totalmente esa idea, me apoyan incluso en mis locuras, y creo que Skyline es 100% lo que soy yo.
Y ya para terminar, cuando acabe esta décima edición, ¿qué te gustaría que dijeran del Skyline 2026?
Me gustaría que, sobre todo desde la industria, dijeran que ha sido útil. Que la gente que viene, que invierte tiempo y dinero en estar aquí, saque algo valioso.
Que surjan proyectos, que alguien encuentre distribución para su corto, que nazcan colaboraciones… Para mí, eso ya sería un logro enorme.