Un proyecto con bacterias y fagos busca acelerar la degradación de bioplásticos en procesos industriales

La iniciativa “Microfago”, coordinada por AIMPLAS, ha probado ya resultados prometedores en laboratorio y en piloto, y prevé iniciar ensayos semiindustriales en la segunda quincena de julio

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Investigación con bacterias
Investigación con bacterias
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La Conselleria de Industria, Turismo, Innovación y Comercio ha financiado, a través de Ivace+i Innovación, el desarrollo de nuevas técnicas y tratamientos basados en el uso de bacterias y fagos para acelerar la degradación de bioplásticos en entornos industriales. El proyecto, llamado Microfago, busca mejorar tratamientos ya utilizados para residuos orgánicos, como el compostaje y la digestión anaerobia.

La digestión anaerobia es un proceso biológico en el que microorganismos descomponen materia orgánica en ausencia de oxígeno. Sobre esa base, la iniciativa pretende controlar de forma más precisa la población microbiana implicada en la degradación del bioplástico y, con ello, hacer más eficiente el proceso en distintas escalas de trabajo.

Cómo funciona la propuesta de Microfago

El planteamiento del proyecto se apoya en dos líneas de actuación. Por un lado, se eliminarán las bacterias inactivas o inhibidoras mediante la introducción de virus específicos, conocidos como bacteriófagos o fagos. Por otro, se incrementará la presencia de microorganismos que sí degradan los plásticos.

Según la información difundida sobre la iniciativa, esta combinación permite acelerar y optimizar la descomposición de bioplásticos de manera más eficiente y segura. Los resultados se evaluarán a escala de laboratorio, piloto e industrial, con el fin de comprobar el rendimiento de degradación en cada una de esas fases.

El proyecto subraya su enfoque microbiológico y personalizado, ya que no se limita a introducir microorganismos activos para biodegradar bioplásticos, sino que también actúa sobre los que interfieren en el proceso. En ese marco, los fagos se presentan como una herramienta para eliminar de forma específica las bacterias perjudiciales sin afectar al resto de la microbiota.

Los promotores de la iniciativa sostienen que este enfoque permite modular de manera controlada el entorno microbiano, con una biodegradación más rápida que la lograda con métodos tradicionales de compostaje o digestión anaerobia. Además, aseguran que no compromete la calidad ni la seguridad del producto final y que se trata de una alternativa natural y ecológica.

Ensayos en marcha y fase semiindustrial prevista en julio

El proyecto ya se ha sometido a pruebas a escala de laboratorio y piloto. Los resultados disponibles son, según la información facilitada, prometedores: los microorganismos aislados por DARWIN Bioprospecting agilizan el proceso de biodegradación, mientras que los fagos obtenidos por Evolving Therapeutics eliminan bacterias no favorables y favorecen un entorno en el que las bacterias beneficiosas pueden desarrollar su función.

Ese trabajo ha permitido avalar el paso a ensayos a escala semiindustrial, que prevén comenzar en la segunda quincena de julio. Para llegar a esa etapa, previamente se han identificado y caracterizado las bacterias clave para la biodegradación, lo que ha servido para desarrollar soluciones con microorganismos específicos.

En paralelo, se han completado ensayos en condiciones controladas por grupos de referencia de AIMPLAS y la Universitat de València para analizar el compostaje y sus características físico-químicas. Esa parte del trabajo ha permitido tener un conocimiento más preciso del proceso y de las condiciones en las que se desarrolla.

Un consorcio con centros tecnológicos, universidades y empresas

La iniciativa está coordinada por el Instituto Tecnológico del Plástico, AIMPLAS, y cuenta con la participación de DARWIN Bioprospecting, Evolving Therapeutics, GIRSA y la Universitat de València. Además, recibe apoyo económico de la Unión Europea a través del programa FEDER Comunitat Valenciana para el periodo 2021-2027.

La colaboración entre los distintos socios ha sido clave para trasladar el conocimiento científico a un entorno de aplicación industrial. Las empresas tecnológicas aportan las bacterias y fagos utilizados en el proyecto, mientras que AIMPLAS y la Universitat de València contribuyen al control de las condiciones de compostaje y del proceso de biodegradación.

Por su parte, GIRSA aporta materiales, asesoramiento sobre condiciones industriales e infraestructura para realizar ensayos a escala industrial, con el objetivo de acercar el desarrollo al mercado. La participación de empresas de gestión y tratamiento de residuos permite, además, disponer de un entorno más realista para validar los resultados.

El proyecto se alinea con las conclusiones del Comité Estratégico de Innovación Especializado (CEIE) en Economía Circular, que apuesta por la “reducción y valorización más eficiente de los residuos”. También se encuadra en los ejes principales de la Estrategia de Especialización Inteligente de la Comunitat Valenciana, S3, coordinada por la Conselleria de Industria, Turismo, Innovación y Comercio.