El verano llena cada día todas las playas de la provincia de Alicante de miles de bañistas, pero también coincide con una situación que se repite de forma puntual en distintos puntos del litoral en los meses de temperada alta: los cierres temporales por alteraciones en la calidad del agua.
Cuando los controles de la Dirección General del Agua detectan valores fuera de los parámetros permitidos, los ayuntamientos activan de inmediato protocolos preventivos para proteger la salud de los usuarios.
Eso es precisamente lo que ocurrió este jueves 30 de julio, cuando una analítica realizada dentro de los controles habituales ha obligado a decretar la prohibición del baño en uno de los arenales más concurridos de la provincia.
La Gran Playa permanece cerrada al baño por precaución
En concreto, el cierre afectaba a la Gran Playa de Santa Pola, donde la Dirección General del Agua ordenó impedir el baño tras detectarse una alteración en la calidad del agua en los análisis de control.
La restricción se limitaba exclusivamente al baño, tal y como explicó el Ayuntamiento. Por tanto, las personas podían seguir accediendo a la arena, pasear o permanecer en ella con normalidad, aunque estaba prohibido entrar en el mar mientras permaneciera activa la medida preventiva.
El Ayuntamiento de Santa Pola ha informado este viernes de que ya se ha reabierto la Gran Playa del municipio tras los análisis que confirman que el agua es apta para el baño.
Las nuevas analíticas decidirán cuándo se podrá volver al agua
Los técnicos tienen previsto recoger una contramuestra a lo largo de este mismo jueves para comprobar si la calidad del agua ha mejorado y verificar que vuelve a situarse dentro de los límites exigidos por la normativa sanitaria.
Solo cuando esos análisis resulten favorables se levantará la prohibición y la playa recuperará la bandera verde. Hasta entonces, el cierre se mantendrá, siguiendo el protocolo que se aplica cada vez que se detecta una incidencia de este tipo en alguna de las playas de la Comunitat Valenciana.
Este tipo de restricciones suelen resolverse una vez se confirma que los valores recuperan la normalidad, aunque el tiempo necesario depende de la evolución que reflejen las nuevas analíticas realizadas por los técnicos de seguimiento.