El calzado alicantino atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente. Cierres de empresas, pérdida de empleo y una competencia internacional que muchos del sector califican de desleal han empujado a la Generalitat Valenciana a activar un plan de choque integral para proteger e impulsar el empleo en una industria que, durante décadas, ha sido el motor económico de las comarcas del Vinalopó. La vicepresidenta primera y consellera de Vivienda, Empleo, Juventud e Igualdad, Susana Camarero, presentó este miércoles las primeras medidas de ese plan en Petrer, en el marco de la Mesa Técnica de Empleo de la Industria del Calzado y del Cuero.
Un sector bajo presión: los números que preocupan
Para entender la urgencia del plan, basta con mirar las cifras. Durante 2023, el número de trabajadores afiliados al sector del calzado en la provincia de Alicante descendió hasta las 17.747 personas, un 7,2% respecto a los 19.121 trabajadores que registró en 2022. En términos interanuales más recientes, se perdieron un total de 1.949 empleos, lo que supuso una caída del 4,8% respecto a enero de 2024 y un 14,9% menos respecto a 2019. No es una crisis puntual: es una sangría sostenida que amenaza con transformar para siempre el paisaje industrial de municipios como Elche, Elda o el propio Petrer.
Aunque la industria zapatera ha convivido en el tiempo con crisis cíclicas, 2026 convive con una situación geopolítica inestable y un marco general de competencia internacional cada vez mayor —que muchos denuncian como desleal— que se ha ido saldando en los últimos tiempos con cierres de empresas, concursos de acreedores y diversos ERE. La atracción de talento es un aspecto clave en unas empresas que pecan de tener pocos trabajadores en plantilla: el 76% de las compañías alicantinas del sector tienen menos de 9 trabajadores.
Tres líneas de acción para un sector en transición
Ante este escenario, Camarero presentó un plan articulado en torno a tres grandes ejes. El primero es una convocatoria específica de formación impulsada por Labora, orientada a adaptar los perfiles profesionales a las nuevas necesidades industriales. No se trata de formación genérica: las áreas de actuación incluyen digitalización, comercio electrónico, sostenibilidad, inteligencia artificial, impresión 3D, logística, patronaje digital y manufactura avanzada. El objetivo es claro: que un sector con siglos de tradición artesanal no quede descolgado de la economía del siglo XXI.
El segundo eje pasa por la adaptación de los centros propios de formación de Labora —como el que Camarero visitó ese mismo día en Elda— para que respondan de forma más eficaz a las demandas reales de las empresas. Desde las patronales llevan tiempo trabajando en distintas formaciones entre asociados para abrir nuevas vías de negocio, y sobre todo en innovación, el principal refugio del sector para estimular la investigación y mejorar la competitividad. El plan de la Generalitat aspira a reforzar institucionalmente ese camino.
El tercer pilar es, quizás, el más ambicioso: la solicitud de un Fondo Europeo de Adaptación a la Globalización (FEAG) para reforzar las medidas de protección y acompañamiento a las personas trabajadoras afectadas por los procesos de transformación. Este mecanismo europeo, diseñado precisamente para sectores que sufren el impacto de los cambios en el comercio mundial, podría proporcionar recursos adicionales para recolocar trabajadores y financiar formación especializada.
"Las administraciones tenemos la responsabilidad de anticiparnos y actuar para proteger a las personas trabajadoras y reforzar la competitividad de nuestras empresas" - Susana Camarero, vicepresidenta primera y consellera de Vivienda, Empleo, Juventud e Igualdad de la Generalitat Valenciana
El diálogo como punto de partida
Las medidas presentadas en Petrer no surgieron de un despacho. Nacen de meses de trabajo conjunto con el propio sector en el seno de la Mesa por el Empleo del Calzado y del Cuero, con reuniones técnicas previas celebradas en Elche y Elda. Esos encuentros tuvieron como objetivo estudiar las opciones de reciclaje del sector y de las plantillas afectadas por ERE o cierres, con impacto en compañías de larga trayectoria. De ese trabajo colectivo emergieron diagnósticos compartidos: falta de perfiles especializados, necesidad urgente de relevo generacional y un déficit evidente en formación digital.
A la mesa de Petrer se sentaron agentes muy distintos pero con un interés común: la Asociación Valenciana de Empresarios del Calzado (AVECAL), la Asociación Española de Empresas de Componentes y Maquinaria para el Calzado y la Marroquinería (AEC), la Confederación Empresarial de la Comunitat Valenciana (CEV), los sindicatos UGT y CCOO, representantes de los Pactos Territoriales por el Empleo, empresas del sector —como la productora de calzado Disgramarc o la de componentes Indaca— y ayuntamientos de los territorios con presencia industrial. Pocas veces el empresariado, los sindicatos y las administraciones locales comparten tanto espacio en torno a un mismo problema.
El peso real de una industria histórica
La historia entre la industria del calzado y Alicante viene de lejos: aunque comenzó a través de la especialización en la producción de alpargatas, acoge hoy en día las principales marcas de calzado de la moda española. La provincia concentra el 92% del empleo del sector del calzado de toda la Comunitat Valenciana, una cifra que convierte esta industria en algo más que un dato estadístico: es la columna vertebral económica y social de comarcas enteras.
La recuperación lenta del sector requiere medidas de apoyo institucional, incentivos para la innovación y la sostenibilidad, y un enfoque estratégico para la diversificación de mercados. Sin estas acciones, las consecuencias económicas y sociales podrían prolongarse, afectando a largo plazo la competitividad y la sostenibilidad del sector. El plan presentado por Camarero en Petrer es, en ese contexto, una respuesta institucional concreta a una emergencia que lleva demasiado tiempo acumulándose en silencio. Si los fondos llegan, si la formación conecta de verdad con las empresas y si Europa responde al FEAG, el calzado valenciano podría tener ante sí no solo una salida de la crisis, sino una transformación que lo haga más resistente frente a las próximas tempestades.