Un análisis científico elaborado por la Universidad de Alicante pone en duda la fotografía que maneja la Unión Europea (UE) sobre la pesca de arrastre en la provincia de Alicante. El trabajo concluye que las evaluaciones oficiales utilizadas para medir el estado de los caladeros del Mediterráneo occidental sobreestiman el nivel de explotación y, al mismo tiempo, infravaloran la cantidad real de recursos pesqueros existentes en aguas alicantinas.
Una distorsión que, según apuntan los autores en el informe, puede estar detrás de las decisiones restrictivas adoptadas “poco ajustadas a la realidad local”. El estudio, firmado por los profesores Just Tomás Bayle-Sempere y Mª Ángeles Castro López, se ha centrado en analizar la sostenibilidad ambiental, económica y social de la flota de arrastre en la provincia.
La iniciativa ha sido impulsada y financiada por la Diputación de Alicante, en colaboración con las cofradías de pescadores de Dénia, Calp, La Vila Joiosa y Santa Pola, cuyos datos y experiencia han resultado “clave” para el desarrollo del trabajo. Las conclusiones se han dado a conocer este martes en un acto público celebrado el Palacio Provincial de Alicante.
Datos locales frente a modelos generales
A partir de datos locales, históricos y actuales, la investigación plantea la necesidad de revisar la metodología del programa MEDITS —base de muchas de las políticas comunitarias que se aprueban en Bruselas— para adaptarla a escalas territoriales más precisas, capaces de reflejar mejor las particularidades de cada litoral sin diagnósticos generalistas.

En este sentido, el análisis de indicadores como la biomasa y la mortalidad por pesca en Alicante muestra “estabilidad o recuperación” en especies como la gamba roja y el salmonete, descensos moderados en la merluza y una tendencia ascendente de la biomasa de la gamba blanca, aunque, eso sí, con niveles de mortalidad superiores a los recomendados.
Impacto ambiental y peso socioeconómico
Lejos de plantear una defensa acrítica del sector, el informe no elude los efectos ambientales del arrastre, al que identifica como una de las perturbaciones antropogénicas más intensas sobre los ecosistemas bentónicos. Entre los impactos detectados figuran la mortalidad incidental —con descartes que pueden alcanzar hasta el 40% de las capturas—, la degradación de hábitats sensibles y las alteraciones de las redes tróficas marinas.
Asimismo, el estudio reconoce una elevada huella energética y de carbono, con consumos medios de 200 litros de gasóleo por hora y emisiones aproximadas de 7,6 kilos de CO₂ por kilo de pescado desembarcado.
Sin embargo, también subraya la relevancia “estratégica” del arrastre para la economía y la cohesión social del litoral alicantino. Esta modalidad sostiene productos de alto valor comercial y es un pilar del tejido pesquero, la hostelería y la identidad cultural marítima de la provincia. En este contexto, el informe advierte de que las reducciones impuestas de forma homogénea podrían traducirse en pérdidas significativas de empleo y producción local.
Durante la presentación, el presidente de la Diputación, Toni Pérez, defendió el valor del trabajo científico de la UA como herramienta para el debate público y político. “Tenemos la sensación de que en Bruselas se están tomando medidas que no se ajustan a la realidad”, afirmó, al tiempo que señaló que el objetivo del estudio es “aportar información científica y rigurosa sobre el estado real de la pesca de arrastre en nuestra provincia”.

Pérez avanzó que las conclusiones se trasladarán tanto a los grupos de la corporación provincial como a la Comisión Europea, con la intención de que sean tenidas en cuenta en la elaboración de futuras políticas pesqueras.
Gobernanza y sostenibilidad real
Así, frente a un enfoque basado en la eliminación de la actividad, los profesores de la UA que firman el estudio apuestan por una transición “realista y efectiva” hacia modelos más sostenibles, apoyada en la innovación tecnológica, la eficiencia energética y una gestión ecosistémica adaptativa en la que el conocimiento científico y el saber del sector vayan de la mano.
Destacan la necesidad de una visión integrada del territorio marino, capaz de conciliar la conservación ambiental con la producción de alimentos. Entre las propuestas figuran la descarbonización de la flota, la mejora de la gobernanza mediante una mayor coordinación entre cofradías y científicos, la zonificación de las áreas de pesca con vedas permanentes y temporales, y la incorporación de indicadores locales en las evaluaciones.
Otra de las claves pasa por racionalizar el esfuerzo pesquero, ajustándolo tanto a la disponibilidad real del recurso como a la demanda del mercado, evitando enfoques uniformes que no distinguen entre zonas ni flotas. “Este análisis demuestra la capacidad del sector de aportar ciencia donde muchos ponen ocurrencia”, señaló Toni Pérez, quien quiso destacar el papel de los trabajadores del mar, “que se juegan la vida cada día”.