Hay pueblos bonitos. Y luego está Alberobello. Quien llega por primera vez suele quedarse unos segundos mirando a su alrededor. Decenas de pequeñas casas blancas, coronadas por curiosos tejados cónicos de piedra, forman un paisaje que cuesta creer que sea real. No es un decorado de cine ni un parque temático: es uno de los pueblos más singulares de Europa y está en el corazón de la región italiana de Puglia.
Durante años fue un secreto bien guardado del sur de Italia, eclipsado por destinos como Roma, Venecia o la Costa Amalfitana. Sin embargo, cada vez son más los viajeros que lo incluyen en sus vacaciones atraídos por una imagen que parece sacada de un libro de cuentos.
Ahora, además, llegar resulta mucho más sencillo gracias al vuelo directo entre el aeropuerto de Alicante-Elche Miguel Hernández y Bari, situada a poco más de una hora por carretera de Alberobello. Una conexión que acerca uno de esos lugares capaces de sorprender incluso a quienes creen conocer Italia de memoria.
Las misteriosas casas que no se parecen a ninguna otra en Europa
El gran símbolo de Alberobello son sus famosos trulli, unas construcciones de piedra caliza con tejados cónicos que no tienen equivalente en ningún otro lugar del continente.
Se calcula que el municipio conserva más de 1.500 de estas viviendas tradicionales, levantadas hace siglos mediante una técnica de piedra seca, sin utilizar mortero. Su diseño no solo llama la atención por su belleza, sino también por la historia que esconden.
Según la tradición, estas casas podían desmontarse con relativa facilidad, lo que permitía a sus propietarios evitar determinados impuestos sobre las construcciones permanentes. Aunque los historiadores matizan esta teoría, lo cierto es que los trulli se han convertido en el gran emblema de la región.
Hoy muchas de estas edificaciones albergan pequeños hoteles, restaurantes, tiendas de artesanía y viviendas particulares, permitiendo a los visitantes descubrir cómo era la vida en esta parte de Italia hace varios siglos.
No es casualidad que la UNESCO incluyera Alberobello en la lista de Patrimonio de la Humanidad. Caminar entre sus calles es hacerlo por un lugar que ha sabido conservar una arquitectura única en el mundo.
Un paseo donde cada esquina invita a sacar el móvil
Hay pocos pueblos tan fotogénicos como Alberobello.
Las calles ascienden suavemente entre hileras de trulli, balcones llenos de flores y pequeñas plazas donde el tiempo parece transcurrir más despacio. Es uno de esos lugares donde resulta casi imposible avanzar sin detenerse cada pocos metros para hacer una fotografía.
Los barrios de Rione Monti y Aia Piccola concentran la mayor parte de las construcciones tradicionales y ofrecen dos formas distintas de descubrir el pueblo. Mientras el primero reúne la mayor actividad turística, con comercios y terrazas, el segundo conserva un ambiente mucho más tranquilo y residencial.
Uno de los detalles que más llaman la atención son los símbolos pintados en blanco sobre algunos tejados. Cruces, figuras geométricas y motivos religiosos decoran estas construcciones y forman parte de una tradición que todavía despierta la curiosidad de los visitantes.
Cuando cae la tarde y las calles empiezan a vaciarse, Alberobello muestra probablemente su imagen más especial. La iluminación tenue convierte el pueblo en un escenario que parece detenido en el tiempo.
El viaje perfecto para descubrir la otra Italia
La gran ventaja de viajar hasta Alberobello es que el recorrido no termina allí. A menos de media hora aparece Polignano a Mare, uno de los pueblos costeros más espectaculares del Adriático. Sus casas se asoman sobre altos acantilados y bajo ellas se esconde la famosa playa de Lama Monachile, una pequeña cala de aguas transparentes que se ha convertido en una de las imágenes más reconocibles de Puglia.
Muy cerca se encuentra Monopoli, con un puerto pesquero lleno de barcas tradicionales, murallas junto al mar y un casco histórico que conserva el ambiente de los antiguos pueblos mediterráneos.
Otro imprescindible es Ostuni, conocida como la Ciudad Blanca. Sus viviendas encaladas cubren una colina desde la que se contemplan kilómetros de olivares antes de que el paisaje se funda con el Adriático.
Lo mejor es que todos estos lugares están separados por distancias muy cortas, lo que permite recorrer varios de ellos en apenas unos días sin necesidad de largos desplazamientos.
La gastronomía que convierte cualquier parada en un acierto
Hablar de Puglia también es hablar de buena mesa. La región presume de algunos de los mejores aceites de oliva de Italia y de una cocina donde el producto local marca la diferencia. Aquí nacen especialidades tan conocidas como las orecchiette, una pasta artesanal que todavía muchas familias preparan a mano siguiendo recetas tradicionales.
A ello se suman la burrata fresca, elaborada en esta parte del país, las focaccias, los quesos, el pescado recién capturado y los vinos producidos entre interminables campos de olivos y viñedos.
Comer en una pequeña trattoria familiar forma parte del propio viaje. Es habitual encontrar restaurantes donde la carta cambia según los productos disponibles cada día, una costumbre que ayuda a mantener intacta la esencia gastronómica de la región.
Así puedes llegar desde Alicante
El vuelo directo entre Alicante y Bari facilita el acceso a una región que hasta hace poco quedaba fuera de los itinerarios habituales de muchos viajeros españoles.
Una vez en la capital de Puglia, Alberobello se encuentra a poco más de una hora por carretera y está bien comunicado tanto en coche como en transporte público. Esa cercanía permite convertir el pueblo en la primera parada de una ruta por algunos de los rincones más bellos del sur de Italia.
La conexión amplía además las posibilidades de quienes buscan escapadas diferentes desde la provincia de Alicante. Frente a destinos mucho más conocidos y concurridos, Puglia ofrece una mezcla de patrimonio, costa, gastronomía y tranquilidad que cada año gana nuevos seguidores.
Quizá por eso cada vez son más los viajeros que, después de recorrer sus calles de piedra y contemplar los inconfundibles tejados cónicos de Alberobello, regresan con la misma sensación: todavía quedan lugares en Europa capaces de sorprender como si fueran un auténtico descubrimiento.