Alicante revive cada 25 de mayo uno de los episodios más dolorosos de su historia. Hace 88 años que el Mercado Central quedó marcado para siempre por la tragedia. Aquella mañana de 1938, siete aviones Savoia de la aviación fascista italiana masacraron la plaza de abastos en un bombardeo deliberado que segó la vida de más de 300 personas inocentes.
El corazón de la ciudad se transformó en un escenario de horror y devastación. La magnitud de la masacre convirtió el bombardeo de Alicante en el más sangriento de toda la Guerra Civil española.
El impacto dejó cientos de víctimas, pero también una profunda herida emocional: el estruendo de las bombas y el caos quedaron grabados para siempre en varias generaciones.
Espacios de memoria
Los daños se extendieron mucho más allá del Mercado Central. Lugares emblemáticos de la capital como la plaza Gabriel Miró y calles como Vicente Inglada, Gerona, San Fernando, Pintor Agrasot y Pintor Velázquez también resultaron gravemente afectados, con importantes destrozos.
A ello se sumaron las zonas cercanas al Club de Regatas y la entonces calle Ángel Pestaña, hoy conocida como San Francisco, testigos igualmente de una jornada trágica en Alicante, lo peor de la crueldad y barbarie humana.
Por ello, desde el año 2010 la parte trasera del Mercado Central lleva el nombre de Plaza 25 de mayo, un espacio dedicado a preservar la memoria de una tragedia que dejó una profunda cicatriz en la historia alicantina.

Además, desde 2013 un monumento minimalista y abstracto, creado por las artistas Elena Albajar y Ruth Céspedes como símbolo de recuerdo, preside el centro de la plaza como homenaje a las víctimas del bombardeo.
Y en el interior del mercado también se conservan algunos de los testimonios más sobrecogedores de aquel 25 de mayo de 1938. Una urna protege la antigua sirena antiaérea que alertó tarde a la población del ataque, junto al reloj que quedó detenido en la hora aproximada en la que cayeron las bombas.
Ocho minutos de horror
Fue un ataque indiscriminado y premeditado. A pesar de haber despegado desde la base en Mallorca, los siete aviones fascistas italianos llegaron desde tierra adentro para escapar de los detectores. En torno a las 11:15h soltaron un total de 56 bombas en 2 tandas con unos cuatro minutos de diferencia.

No hubo margen para la reacción. La calma de quienes se acercaban al Mercado Central acudían al Mercado Central para llenar la despensa en tiempos de escasez se quebró de forma repentina, convirtiéndose en el peor episodio de la historia contemporánea de Alicante.
El estruendo de las explosiones sembró el caos en cuestión de segundos. La ciudad quedó paralizada por el miedo; y el silencio posterior solo fue interrumpido por los gritos de auxilio y el llanto de quienes buscaban a sus seres queridos entre las ruinas.
Refugios bajo tierra
No fue el único ataque que sufrió Alicante,el último bastión de la República. Durante el conflicto se produjeron, al menos, 83 bombardeos de la Legión Cóndor y la Aviación Legionaria, que apoyaban al bando sublevado frente al ejercito de la República.
De hecho, el subsuelo de la ciudad se convirtió en el principal aliado como cobijo de una población atemorizada cada vez que sonaba el aterrador sonido de las alarmas. Hoy en día se han recuperado algunos de ellos para rememorar la crueldad de la guerra, concienciar y divulgar.
La capital alicantina llegó a tener todo un entramado subterráneo de refugios antiaéreos con sinuosos pasillos, galerías y gruesas paredes. Estos espacios fríos salvaron la vida de miles de personas durante los ataques que, especialmente en la primavera y el verano de 1938, asolaron la ciudad.