Las olas de calor se están convirtiendo en una de las grandes protagonistas del verano. Un tren de masas de aire muy cálidas atraviesa la Península Ibérica desde finales de junio, con temperaturas máximas que en la provincia de Alicante no bajan de los 32 grados, y mínimas que en algunos casos han dejado noches tórridas de más de 25 grados.
Los especialistas recuerdan que estos fenómenos no solo aumentan el riesgo de golpes de calor o deshidratación en las horas centrales del día, sino que también pueden tener consecuencias sobre la salud cardiovascular.
El jefe de Cardiología del Hospital de Dénia y de Vithas Valencia Turia, Alfonso Valle, advierte de que "las olas de calor aumentan el riesgo de infartos, arritmias y descompensaciones cardiacas", especialmente entre las personas mayores y quienes padecen enfermedades crónicas del corazón.
El corazón trabaja más cuando suben las temperaturas
Según explica Valle, cuando las temperaturas se disparan el organismo pone en marcha distintos mecanismos naturales para mantener estable la temperatura corporal. “La vasodilatación, la sudoración y la pérdida de líquidos hacen que el corazón tenga que trabajar con mayor intensidad para mantener la presión arterial y el flujo sanguíneo”, señala.

Ese sobreesfuerzo, que en personas sanas suele pasar desapercibido, puede convertirse en un problema en determinados pacientes. El doctor enfatiza que quienes sufren insuficiencia cardiaca, alteraciones del músculo o de las válvulas del corazón, arritmias o antecedentes de infarto pueden notar con mayor facilidad los efectos del calor extremo.
A ello se suma la deshidratación, que favorece la pérdida de sodio y potasio y puede alterar el equilibrio de electrolitos del organismo, facilitando la aparición de arritmias o el empeoramiento de patologías cardiovasculares ya existentes.
Qué señales no conviene pasar por alto: síntomas que pueden alertar de un problema cardiaco
Alfonso Valle recomienda prestar atención a síntomas como fatiga intensa, mareos, palpitaciones o dificultad para respirar durante los días de más calor. Además, recuerda que el riesgo también puede trasladarse a playas y piscinas.
"Si un evento cardíaco sucede dentro del agua, como consecuencia de la combinación de temperaturas elevadas, deshidratación y esfuerzo físico al nadar, la pérdida de conciencia o la incapacidad para mantenerse a flote puede derivar en un ahogamiento secundario", subraya.
Precaución con algunos medicamentos durante las olas de calor
El cardiólogo pone el foco en otro colectivo especialmente vulnerable: las personas que siguen tratamientos con varios medicamentos. Los diuréticos favorecen la pérdida de líquidos y electrolitos; algunos antihipertensivos pueden acentuar la bajada de la presión arterial provocada por las altas temperaturas; y los betabloqueantes limitan la respuesta del corazón al esfuerzo y pueden hacer menos evidentes los primeros síntomas de alarma.

"Cuando se combinan varios tratamientos, estos efectos pueden amplificarse. Por ello, es fundamental revisar la medicación si se encadenan varios días de temperaturas muy elevadas", subraya Alfonso Valle.
El especialista insiste en que cualquier ajuste o cambio debe realizarse siempre bajo supervisión médica y recuerda que ningún paciente debe modificar o suspender un tratamiento por iniciativa propia.
Junto a ello, recomienda mantener una hidratación constante, incluso aunque no exista sensación de sed, evitar la exposición al sol y el ejercicio físico durante las horas centrales del día y permanecer en espacios frescos y bien ventilados.
"El mensaje es sencillo: protegerse del calor es proteger el corazón. En un verano marcado por temperaturas extremas, la vigilancia y el autocuidado son esenciales para evitar complicaciones", concluye Alfonso Valle.