Hay canciones que sobreviven a las modas. Pasan los años, cambian las listas de éxitos y aparecen nuevos artistas, pero basta con que empiecen a sonar los primeros compases de determinados temas para que el público recuerde inmediatamente dónde estaba cuando los escuchó por primera vez.
Eso es, precisamente, lo que ocurrió durante la segunda edición del Reggaeton Millennial Fest en la provincia de Alicante, donde miles de asistentes volvieron a cantar y bailar las canciones que acompañaron una etapa muy concreta de sus vidas.
Los pasados viernes 7 y sábado 8 de agosto más de 25 artistas pasaron por el escenario instalado junto al polideportivo de Sant Joan d'Alacant en una programación de más de 20 horas de música. La nostalgia tuvo un papel importante, pero también hubo baile, reencuentros entre amigos, looks festivaleros y, sobre todo, muchas letras cantadas de principio a fin.
Alexis y Fido convierten el recinto en un enorme karaoke
Uno de los momentos más intensos llegó cuando Alexis y Fido tomaron el escenario para cerrar la primera jornada. El dúo puertorriqueño, uno de los nombres más reconocibles de la época dorada del género, no necesitó demasiado para conseguir que el público se metiera de lleno en el concierto.

A medida que avanzaban los primeros temas, las voces de los asistentes comenzaron a mezclarse con las de los artistas. Los grandes éxitos del dúo fueron recibidos como auténticos himnos y buena parte del recinto terminó cantando al mismo tiempo los estribillos que hace años sonaban en discotecas, coches y fiestas.
Gente de Zona pone el baile y Tito El Bambino protagoniza uno de los momentos más inesperados
Gente de Zona fue otro de los grandes protagonistas sobre el escenario. Su actuación aportó una dosis extra de energía y consiguió que el público no dejara de bailar durante buena parte del concierto con la luz del atardecer como telón de fondo.
El grupo formado por Alexander Delgado y Randy Malcom desató una auténtica locura entre los asistentes con su ritmo caribeño, el sonido de las trompetas y las coreografías. Canciones como ‘La Gozadera’, ‘Bailando’ o ‘Más Macarena’ hicieron que el recinto se convirtiera durante casi una hora en una enorme pista de baile.
Por su parte, Tito El Bambino fue otro de los artistas más aclamados de la noche del sábado. Su salida al escenario se hizo esperar unos minutos más de lo previsto, una pequeña demora que no hizo más que aumentar la expectación entre un público que llevaba buena parte de la jornada esperando uno de los conciertos más destacados.

Cuando finalmente apareció, la espera quedó rápidamente atrás: el puertorriqueño salió dispuesto a recuperar algunos de sus grandes éxitos y encontró un recinto completamente entregado. El artista se mostró especialmente cercano durante su actuación y acabó bajando para acercarse a los asistentes entre gritos, móviles levantados y una gran ovación.
Junto a ellos, el cartel reunió a Danny Romero, Dasoul, Knarias, Jay Santos, Xriz, Buxxi, Crossfire, Saik y Rosendo, de Los Reyes de la Tarima, además de otros nombres vinculados a aquella generación del reggaeton y el electrolatino.
Pantallas, láser y una estética que devolvió al público a los 2000
El viaje al pasado no dependió únicamente de las canciones. El escenario principal fue diseñado con una estética claramente retro, con grandes pantallas, iluminación y efectos láser que acompañaban las actuaciones y reforzaban la identidad visual del festival.
En algunos momentos, la sensación era la de haber entrado durante unas horas en una fiesta de principios de los 2000. Las canciones conocidas, la puesta en escena y la respuesta del público funcionaban como un todo, especialmente cuando comenzaban a sonar aquellos temas que todo el recinto podía reconocer.

La música continuó también entre las actuaciones principales. Los DJ mantuvieron el ambiente mientras los asistentes aprovechaban para recorrer el recinto, encontrarse con amigos o buscar un sitio desde el que seguir viendo los conciertos. Las sombras de los enormes pinos de la zona se convirtieron en los mejores aliados en las primeras horas.
Y había algo que se repetía constantemente: gente cantando. No solo delante del escenario, sino también en las zonas de paso, mientras esperaba para acceder a alguna de las áreas del recinto o durante las pausas entre conciertos.
Más allá de los conciertos: comida, descanso y mucho ambiente
El festival también había preparado diferentes espacios para que la experiencia no dependiera exclusivamente del escenario. El área gastro permitió hacer una pausa para comer, mientras que las zonas exteriores y de descanso ofrecían un respiro después de varias horas de música y baile.
La zona VIP, situada junto al escenario principal, incorporó además una grada desde la que se podían seguir las actuaciones sentado. En otro punto del recinto, junto a la entrada el espacio lounge de IQOS sirvió como zona de descanso, mientras que el Glitter Bar de Legendario añadió uno de los elementos más llamativos (y con más colas) de la experiencia.

Dos maquilladoras profesionales se encargaron de realizar maquillajes festivaleros y tatuajes temporales, aportando un toque de color a un público que también convirtió la ropa, los accesorios y el maquillaje en parte de la experiencia para completar su look antes de volver a la pista.
Detrás de todo ello hubo también un importante despliegue de personas. Más de 400 profesionales participaron en el montaje, la producción, la seguridad, los accesos, la atención al público y las distintas tareas necesarias para sacar adelante las dos jornadas.
La segunda edición del Reggaeton Millennial Fest ha generado un impacto económico superior a los cuatro millones de euros, especialmente vinculado a sectores como la hostelería, la restauración, el alojamiento, el transporte y otros servicios.