Septiembre devuelve a Alicante a la rutina, pero también abre la puerta a empezar a mirar el calendario con otros ojos. Después del verano, los fines de semana recuperan protagonismo y pueden convertirse en una oportunidad para hacer una escapada sin necesidad de organizar un viaje largo ni esperar a las próximas vacaciones.
El próximo 9 d’Octubre es, precisamente, una de esas fechas que invitan a salir de casa. El festivo por el Día de la Comunitat Valenciana cae este año en viernes y, junto al lunes 12 de octubre, permite disponer de cuatro días para cambiar de escenario. A veces, sin embargo, ni siquiera hace falta tanto: una escapada de 48 horas puede ser suficiente para desconectar.
El aeropuerto Alicante-Elche Miguel Hernández es el eslabón perfecto para ese plan, ya que mantiene una amplia gama de conexiones directas con numerosas ciudades. En este contexto, Vueling pone el foco en seis destinos que combinan cultura, gastronomía, paseos y tiempo de descanso para huir del estrés de la vuelta al cole y la jornada laboral.
Ámsterdam: canales, museos y barrios con personalidad
Ámsterdam es una ciudad para recorrer sin demasiadas prisas. Un paseo en barco por los canales permite hacerse una primera idea de la capital neerlandesa antes de acercarse a la Plaza de los Museos, donde se encuentran el Rijksmuseum y el Museo Van Gogh.
Para el segundo día, el ambiente cambia en las Nueve Calles y Jordaan, dos zonas agradables para caminar, entrar en pequeñas tiendas o sentarse en una cafetería. Y entre visita y visita aparecen algunos clásicos de la gastronomía local, como las bitterballen, los stroopwafels o los poffertjes.
París: del Sena a Montmartre
París necesita poco pretexto para convertirse en el destino ideal para una escapada de fin de semana. La ciudad concentra en pocos kilómetros algunos de sus lugares más reconocibles: la Torre Eiffel, el Sena, Notre Dame y el Louvre.
Por su parte, también se puede adentrar en otra perspectiva de la ciudad. Montmartre y el Sacré-Cœur permiten alejarse del París monumental, mientras que Le Marais aporta calles, comercios y ambiente cultural. Para terminar, un ‘café au lait’ con un croissant en una brasserie encaja casi de forma natural en el viaje.
Bruselas: una escapada entre plazas y chocolate
La Grand Place es el punto de partida natural para recorrer el centro histórico de Bruselas, y facilita una visita sin grandes desplazamientos. El Manneken Pis y las calles próximas permiten completar buena parte de la visita a pie durante las primeras horas.
Hay tiempo después para cambiar completamente de escenario y visitar el Atomium o el barrio europeo. En la mesa para este viaje exprés de 48 horas no pueden faltar los mejillones con patatas fritas y los gofres de chocolate, dos de los clásicos en la capital belga.
Barcelona: modernismo, barrios históricos y mar
Barcelona resulta especialmente cómoda para una escapada corta desde Alicante por la cantidad de conexiones disponibles, hasta seis diarias con Vueling. La Sagrada Familia, las Ramblas, la Plaça de Catalunya y el Passeig de Gracia pueden ocupar la primera parte del recorrido antes de continuar hacia el Barrio Gótico y quedarse asombrado con la Catedral.
El Mercat de la Boqueria, el Born, el Parque de la Ciutadella y la Barceloneta permiten dedicar el día siguiente a una Barcelona diferente, más vinculada a sus calles y al mar. Entre ambos recorridos queda espacio para probar unas tapas o algo tan sencillo como un buen ‘pantumaca’.
Palma de Mallorca: historia, Mediterráneo y gastronomía
Palma es de esas ciudades que se disfrutan especialmente caminando. El casco histórico reúne buena parte de sus grandes atractivos, con la Catedral de Mallorca como protagonista junto al Parc de la Mar y los patios señoriales que aparecen casi por sorpresa entre las calles del centro.
El paseo puede continuar hacia el litoral, con el Mediterráneo siempre presente en el recorrido por el Paseo Marítimo. También merece la pena perderse sin rumbo por los barrios del centro, entrar en alguna de sus plazas y reservar un rato para sentarse a comer con calma.
Y si hay algo que termina de poner sabor a la escapada es la gastronomía mallorquina. La ensaimada es el clásico imprescindible, aunque también merece la pena probar un tumbet o acercarse a Can Joan de s'Aigo para tomar su conocido helado de almendra.
Bilbao: Guggenheim, Siete Calles y pintxos
Bilbao no se entiende sin su ría. A su alrededor se encuentra el Museo Guggenheim y el Casco Viejo, donde las Siete Calles conservan el carácter más tradicional de la capital vizcaína. El paseo permite acercarse también al Ensanche y al Azkuna Zentroa.
Y hay un nombre que forma parte de Bilbao casi como si fuera otro de sus monumentos: el Athletic Club. El estadio de San Mamés es un lugar ligado a la identidad bilbaína y al ambiente que rodea al equipo, una pasión que se respira por las calles y los bares. Entender la relación entre club, afición y ciudad es también una manera de entender el Botxo.
Y después está la barra. Las rutas de pintxos son casi una visita obligada, con pequeñas paradas para probar una gilda, un pintxo de bacalao al pil-pil o cualquier otra especialidad que llame la atención. El txikiteo pone el broche a una escapada en la que la gastronomía tiene tanto, o más, protagonismo que cualquiera de los lugares que se visitan.