Las conexiones ferroviarias de la Comunitat Valenciana se preparan para una etapa decisiva. El corredor mediterráneo, anhelado y reclamado por sectores industriales y sociales desde hace décadas, comienza a ver la luz al final del túnel. El Ministerio de Transportes sitúa en 2028 dos hitos clave para el funcionamiento de esta infraestructura.
El nuevo servicio de alta velocidad regional permitirá transformar los desplazamientos de pasajeros, enlazando Alicante, Valencia y Castellón con Barcelona. Pero el trazado también supondrá una revolución y una pieza estratégica para mejorar la circulación de mercancías hacia Europa.
El nuevo AVE encara una fase clave
Tras años de dimes y diretes, el Gobierno de España ya fija un horizonte para la puesta en marcha del servicio de AVE en el arco mediterráneo: está previsto para comienzos de 2028, aunque todavía quedan trabajos por completar. Entre ellos, el tramo ferroviario entre La Encina y Xàtiva, cuyas obras continúan en ejecución y son esenciales para esta conexión.
En paralelo, las actuaciones entre las ciudades de Valencia y Castellón se acercan a su recta final. El Ministerio prevé terminar a principios de 2027 las obras del segundo raíl, un avance que permitirá mejorar la capacidad de la línea y preparar el terreno para los siguientes pasos.

Una vez finalizada la infraestructura, será necesario completar los procedimientos de seguridad y puesta en servicio. Transportes calcula que la certificación de la Agencia Nacional de Seguridad Ferroviaria y la preparación de los maquinistas requerirán unos tres meses, por lo que la vía podría estar disponible antes del verano de 2027.
La mejora de este eje también es crucial para Alicante, que depende de esa línea para reducir los desplazamientos hacia el resto de la Comunitat Valenciana y Cataluña. El nuevo servicio del AVE supondría una transformación de 180 grados respecto al esquema de comunicaciones por tren implantado desde la llegada del Euromed en los años noventa.
Castellón y Vandellós: el cambio de ancho que mira a Europa
Al norte de la Comunitat Valenciana, el corredor mediterráneo tiene otro de sus principales desafíos en el tramo entre Castellón y Vandellós. El proyecto contempla sustituir el ancho ibérico actual por el internacional, utilizado en buena parte de la red europea, para facilitar la continuidad de los trenes de mercancías.
La fase final, en la que se implantará la nueva vía, está prevista para principios del verano de 2027. Esta operación requerirá interrumpir la circulación ferroviaria en el tramo durante un máximo de seis meses. Transportes trabaja en la preparación de los trabajos para reducir ese periodo de cierre y que la afectación entre la Comunitat y Cataluña sea leve.
Si se cumple el calendario previsto, la infraestructura podrá entrar en funcionamiento durante la primera mitad de 2028, lo que permitirá avanzar hacia una conexión ferroviaria de mercancías entre Almería y Francia con estándares compatibles con Europa.

El proyecto incorpora también tecnología europea destinada a mejorar la seguridad y aumentar la capacidad de la línea. La adaptación afecta a la configuración de las vías, pero también forma parte de una transformación más amplia para que el transporte ferroviario de mercancías gane competitividad frente a la carretera en los recorridos internacionales.
La alternativa por Teruel para mantener el tráfico
El cierre temporal entre Castellón y Tarragona obliga a establecer itinerarios alternativos para evitar que las obras interrumpan por completo el transporte ferroviario. En este escenario, la finalización de las obras de mejora en la conexión entre Sagunto y Teruel será clave para mantener los movimientos de mercancías hacia Barcelona.
Para ello, desde Adif prevén tener operativa durante la primera mitad de 2027 la vía renovada entre ambas estaciones. Este itinerario permitirá desviar trenes hacia Zaragoza y continuar después en dirección a Cataluña mientras se ejecuta la intervención entre Castellón y Vandellós.
