Del Mediterráneo al Ártico. El aeropuerto de Alicante no solo conecta con las grandes capitales europeas, sino también con destinos capaces de transformar unas vacaciones en una experiencia completamente diferente. Volcanes activos, géiseres que lanzan agua a más de veinte metros de altura, glaciares gigantes y la posibilidad de contemplar auroras boreales. Y además, la terminal alicantina tambien permite adentrarse en la leyenda de Drácula con una sorpredente ruta directa.
Uno de esos destinos es Reikiavik, la puerta de entrada a Islandia. La capital más septentrional del mundo se ha convertido en uno de los lugares más deseados por quienes buscan naturaleza, aventura y tranquilidad. Desde allí es posible recorrer un país con volcanes activos, glaciares milenarios, géiseres y cascadas en un territorio que sorprende a cada paso.
Reikiavik, la ciudad desde la que comienza la gran aventura islandesa
El vuelo directo entre Alicante y Reikiavik permite llegar a Islandia, uno de los destinos más singulares de Europa, en cinco horas. Aunque muchos asocian el país únicamente con el frío, la realidad es que cada estación ofrece experiencias completamente distintas, desde interminables horas de luz del verano a las mágicas auroras boreales de invierno.

La capital islandesa constituye el punto de partida perfecto para recorrer la isla. Reikiavik combina un ambiente moderno con una población reducida y calles tranquilas. A pesar de ser una ciudad pequeña, concentra museos, restaurantes, galerías de arte y una intensa vida cultural que contrasta con los enormes espacios naturales que la rodean.
Uno de sus grandes símbolos es la iglesia de Hallgrímskirkja, visible desde prácticamente cualquier punto de la ciudad gracias a su torre de 74 metros de altura. Desde su mirador se obtiene una panorámica espectacular de los coloridos tejados de Reikiavik y del océano Atlántico. Muy cerca se encuentra la escultura Sun Voyager, una de las imágenes más fotografiadas del país.
El puerto antiguo, las calles comerciales del centro y la moderna sala de conciertos Harpa completan una visita que puede recorrerse cómodamente a pie antes de emprender la aventura por el resto de Islandia.
Volcanes, géiseres y cascadas que parecen de otro planeta
Si hay algo que convierte a Islandia en un destino único son sus paisajes. En pocos kilómetros es posible contemplar volcanes, campos de lava, montañas cubiertas de nieve, enormes glaciares y aguas termales que emergen del subsuelo debido a la intensa actividad geológica del país.
Una de las excursiones imprescindibles desde Reikiavik es el llamado Círculo Dorado, una ruta que reúne algunos de los lugares más famosos de Islandia. Allí se encuentra el parque nacional de Þingvellir, donde pueden observarse las placas tectónicas de Europa y América separándose lentamente, un fenómeno geológico visible en muy pocos lugares del planeta.

La ruta continúa por el área geotérmica de Geysir, que dio nombre a todos los géiseres del mundo. Aunque el original permanece inactivo, el cercano Strokkur entra en erupción cada pocos minutos lanzando columnas de agua hirviendo que pueden alcanzar más de veinte metros de altura.
Muy cerca aparece otra de las postales más famosas del país: la cascada Gullfoss. El agua cae con una fuerza hipnótica sobre un profundo cañón en un espectáculo natural que cambia completamente según la estación, desde el deshielo primaveral hasta los paisajes cubiertos por hielo del invierno.
¿Cuál es la mejor época para viajar a Islandia?
Elegir la fecha del viaje puede cambiar por completo la experiencia. Aunque Islandia suele asociarse al frío y la nieve, lo cierto es que cada estación ofrece un paisaje y unas actividades muy diferentes. Por eso, quienes visitan el país en verano regresan con una imagen completamente distinta a la de quienes lo hacen en invierno.
Entre junio y agosto, los días parecen no terminar nunca. En pleno verano, la luz natural se prolonga durante casi 24 horas, lo que permite recorrer más lugares en una sola jornada y disfrutar de rutas de senderismo, cascadas o playas de arena negra hasta altas horas de la noche. Es también la mejor época para recorrer la isla por carretera, ya que la mayoría de las rutas permanecen abiertas y las condiciones meteorológicas son más favorables.
En cambio, entre finales de septiembre y marzo comienza la temporada más esperada por muchos viajeros: la de las auroras boreales. Aunque nunca pueden garantizarse, las noches largas y los cielos despejados aumentan las posibilidades de contemplar este fenómeno natural, que tiñe el firmamento de tonos verdes, violetas y rosados. Durante esos meses, además, es posible visitar cuevas de hielo naturales que desaparecen con la llegada del deshielo.
La primavera y el otoño representan una alternativa cada vez más popular para quienes buscan un equilibrio entre tranquilidad y naturaleza. Hay menos visitantes que en verano, los precios suelen resultar más contenidos y el paisaje cambia rápidamente con el deshielo o la llegada de los primeros colores otoñales, ofreciendo una imagen diferente de la isla.
La Laguna Azul y el espectáculo de las auroras boreales
Hablar de Islandia es hacerlo también de sus aguas termales. La más conocida es la Laguna Azul, situada entre antiguos campos de lava a pocos kilómetros del aeropuerto internacional de Keflavík. Sus aguas, de intenso color azul lechoso, mantienen una temperatura cercana a los 38 grados durante todo el año gracias a la energía geotérmica de la isla.
Bañarse rodeado de vapor mientras el paisaje permanece cubierto de roca volcánica constituye una de las experiencias más deseadas por quienes visitan el país. El complejo dispone de tratamientos con sílice, restaurantes y relajación que convierten la visita en mucho más que un simple baño.

Sin embargo, durante los meses de otoño e invierno aparece otro de los grandes reclamos turísticos de Islandia: las auroras boreales. Cuando las condiciones meteorológicas acompañan y el cielo permanece despejado, las partículas procedentes del Sol iluminan la atmósfera con tonalidades verdes, violetas y rosadas que dibujan un espectáculo natural difícil de olvidar.
Mucho más que paisajes: las curiosidades que hacen única a Islandia
Además de sus volcanes, glaciares y géiseres, Islandia sorprende por muchos otros aspectos que contribuyen a convertir el viaje en una experiencia diferente. Uno de ellos es su apuesta por las energías renovables. Gracias a la actividad geotérmica y a la fuerza de sus ríos, buena parte de la electricidad y de la calefacción del país procede de fuentes limpias, una característica que forma parte de la vida cotidiana de los islandeses.
También llama la atención la escasa densidad de población. A pesar de tener una superficie superior a la de muchos países europeos, Islandia apenas supera los 400.000 habitantes y la mayor parte vive en Reikiavik y sus alrededores. Basta con alejarse unos kilómetros de la capital para encontrarse con carreteras casi desiertas y paisajes donde la naturaleza domina por completo el horizonte.
Otro de los rasgos que más sorprenden a quienes la visitan es la sensación de seguridad y tranquilidad. Los pequeños pueblos, las casas aisladas en medio de inmensos campos de lava y el ritmo pausado de la vida cotidiana contrastan con el bullicio de las grandes ciudades europeas. Esa combinación de calma y naturaleza es, para muchos viajeros, uno de los principales motivos para repetir la experiencia.
A todo ello se suma una fauna muy característica. Durante determinadas épocas del año es posible avistar ballenas en sus costas, observar colonias de frailecillos en los acantilados o encontrarse con los famosos caballos islandeses, una raza autóctona conocida por su resistencia y por conservar un peculiar paso que no existe en la mayoría de los caballos del mundo. Son pequeños detalles que convierten un viaje a Islandia en mucho más que una sucesión de paisajes espectaculares.
Una escapada diferente que cada vez despierta más interés
Islandia ha dejado de ser un destino reservado únicamente para aventureros. La mejora de las conexiones aéreas y el interés por el turismo de naturaleza han convertido al país en una de las escapadas más deseadas por quienes buscan experiencias diferentes a las tradicionales vacaciones de playa.
Además de sus paisajes, el país destaca por su elevado compromiso con la sostenibilidad, el uso de energías renovables y la seguridad que ofrece a los viajeros. Todo ello, unido a la hospitalidad de sus habitantes y a la facilidad para recorrer buena parte de la isla en coche, hace que muchos visitantes regresen más de una vez para descubrir nuevos rincones.
Desde playas de arena negra como Reynisfjara hasta glaciares, cuevas de hielo, acantilados repletos de frailecillos o carreteras que atraviesan inmensos campos de lava, Islandia ofrece escenarios que parecen de otro planeta.